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Hablemos de crisis

Pasaron cosas y de repente nos cuesta llegar a fin de mes. En muy poco tiempo, pasamos del amarillo radiante a un gris de fotocopiadora. Para esta nota repasamos las formas en que zafamos de la crisis. Reflexionamos sobre la negación a hablar de ella y, en paralelo, como lo vive la clase media. Las changas de ayer son el laburito o el freelanceo de hoy. Estos son los tips para ganarle a la crisis.

 

1. Hacete multitasker

Los tiempos de ajuste imponen sus rutinas y de a poco nos convierte en criaturas multitaskers del rebusque. Algunas antiguas prácticas aparecen en conjunto con otras más originales. Repasemos el panorama.

Están los clásicos, gente que sale a vender cosas a su círculo más cercano: cosméticos, ropa, lencería, bijoux, entre otros. También empiezan a cocinar y ofrecer comida super barata en vía pública o espacios de trabajo. O nosotros mismos nos cocinamos a la noche para el almuerzo del otro dia y aparecen los tuppers. Osea, usamos nuestro tiempo de descanso para seguir trabajando y gastar menos.

Las prácticas más novedosas, sin dudas, vienen por el lado de las Apps y las redes sociales. Si necesitas dinero extra y tenes ciertas competencias sociales y hablas en inglés podes armar una experiencia en AirBnb  para turistas o alquilar algún cuarto libre. Se trata de refuncionalizar el tiempo de ocio y el espacio ocioso para rentabilizarlos.

Otra alternativa es ser parte de una aplicación móvil y ser un vendedor de real state en tu barrio, mostras propiedades y te ganas una comisión por la venta o alquiler. Del mismo modo, podés hacerte repartidor para Rappi, Glovo o Pedidos ya, poner tu cuerpo, bicicleta o moto a disposición y salir de delivery un rato. Uber es otra gran posibilidad.

Instagram en estas epocas se transforma en un bazar persa cibernético donde promocionar lo que sea. Desde remeras estampadas, showrooms de ropa vintage, clases particulares o talleres literarios, fiestas con barra a precio amigo hasta toda clase de eventos.

Si tienes algún dote artístico podés promocionarte en las redes y largar tu carrera como músico, lanzar tu compañía teatral o exhibirte como bailarín de hip-hop en el subte.

Otros, más extremos, se replantean todo su esquema de vida y eligen hacer un work and travel. Es decir, tramitar la visa de algún país próspero, trabajar allá y desaparecer unos meses o, quizás, no volver.

 

2. Compra queso barra y paleta

La crisis por supuesto se manifiesta en el consumo. La regla es que, por la baja del poder adquisitivo y la subida de precios, aumentan las ventas de las segundas o terceras marcas. Consumimos menos y de peor calidad.

Y para eso estan negocios como Costumbres Argentinas, Kentucky, Estancia San Francisco, Supermercados Día, entre otros, para satisfacer la nueva demanda deteriorada. Todos conectan con el espíritu de crisis y salen a la caza de consumidores manteniendo precios más que razonables. Por lo tanto, usan una lógica de expansión y ganancia por los volúmenes de stock y de venta.  

Aplican, asimismo, un criterio de cercanía estratégica al consumidor clasemediero seduciéndolo con shocks de ofertas todas las semanas. En algunos casos, llegan de modo retro, repartiendo volantes en los principales puntos del barrio o por medio de cuentas bizarras de Instagram que promocionan los productos.

En el fondo, no hay nada de malo en esas tres empanadas de carne casi sin relleno en promoción por 60 pesos en Costumbres Argentinas o esa muzza con salsa de tomate ácida y mal cocida en Kentucky, el Ugi´s de la clase media empobrecida.

 

3. Desclasate

Cuando los indicadores de la economía se caen todos juntos, florece el miedo de la clase media argentina a ser desplazada hacia abajo. Hoy engrosa las filas de los perdedores de esta crisis. Una caída que es tan económica como emocional, además de una sensación de deseo desviado o interrumpido.  

De un mes al otro se vio obligada a diferentes estrategias de ahorro y a pensar en trabajar más. En algunos casos acelera el amor y conforma alianzas económicas con la pareja de turno para compartir gastos. O se va vivir con un grupo de amigos o con los padres. También anda un poco más débil y culposa de todo lo que le pasa sin entender muy bien la inflación, las corridas cambiarias y el malhumor en la calle.

Esta clase presenta rasgos singulares: viene de ser muy beneficiada por el kirchnerismo con subsidios múltiples y está compuesta por una generación millennial que aún no vivió ninguna crisis económica severa. Sin embargo, se comportan de la misma manera que sus predecesores del 2001: buscan precios, anotan obsesivamente sus gastos en libretas o apps, salen menos y si salen, se quejan de que “no llegan”. Aplazan vacaciones, toman cerveza industrial como analgésicos y vuelven a mirar a Europa como un horizonte inalcanzable como la casa propia.

 

4. Hablá de la crisis

Quizás sea el fantasma del 2001 aun respirándonos la nuca, la situación crítica de otros países, socios económicos, acechando o también puede ser la autoestima alta que nos dejaron los años kirchnerista. Lo cierto es que no se sabe muy bien cómo decir o medir esta crisis.

Una solución posible sería nombrar eso que nos molesta, que se nos mete en el cuerpo y que no es precisamente alegría. Está más cerca de una leve depresión, que nos debilita y nos tiene al borde.

Ponerle nombre a las cosas, las hace visibles y las ubica dentro de contextos más precisos. Si hablamos de crisis podemos repensar diagnósticos y discusiones y re estructurar la agenda actual.

Esta es una crisis económica con algunas particularidades. Los ganadores son los mismos de siempre pero más ganadores que nunca y los perdedores, una compleja masa diversificada y desorientada.

En conversación con una amiga politóloga, Laura Rueda, ella señala que la novedad de esta crisis es la voluntad de sostener la institucionalidad. Y en este mismo sentido lo manifiesta Juan Grabois, líder de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). “Ni proscripción (de candidatos opositores), ni interrupción del proceso electoral” dice sentado frente a Majul el pasado fin de semana y agrega “no se puede instrumentalizar la calle para sacar o poner a los gobiernos”. Este es el estado de ánimo en relación a la crisis que no decimos.

Cuidar las instituciones y pacificar no significa sostenerle la escena al macrismo. Sino más bien es un llamado a repolitizar los temas más cotidiano y desechar las salidas apocalípticas.

 

5. Preguntale a una piba

Y sobre cómo hacerlo tenemos al menos un ejemplo bien claro, el del colectivo feminista que nos dio una gran lección este año. Ellas transformaron eso que las mantenía en inferioridad de condiciones y que ponía en riesgo su vida y que estaba replegado a la esfera de lo individual y lo privado. A todo eso lo convirtieron en algo enormemente colectivo y público. Esto las puso en un primer plano de discusión y búsqueda de igualdad y universalidad.

Quizás haya que tomar un camino así, antes que el panorama se torne más desolador.

El movimiento que encabezaron las mujeres también nos da algunas pistas sobre una nueva forma de organización colectiva más plástica, pragmática y transversal. Quizás agrupada por temas y emergiendo en nuevos espacios más asociados al consumo, la tecnología o al ocio y menos a las instituciones del siglo pasado.

Sea como sea, hay que recuperar los sentidos perdidos de esos estribillos pop de campaña y hacer germinar otros nuevos. Que la depresión sea macrista y, la alegría, nuestra.

Florencia Migliorisi

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