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Cinco preguntas a Martina Gusmán en su mejor momento

Entre el éxito de la segunda temporada de El Marginal, y el estreno de La quietud, película que protagoniza y que fue dirigida por su pareja, Pablo Trapero, Martina Gusmán se encuentra en su mejor momento de reconocimiento actoral. La actriz que interpreta a Ema Molinari en la serie del momento habla sobre cómo la reconocen en la calle, incluso hasta en países del extranjero, y qué espera de su reciente estreno.

 

Según dijiste en una nota hace poco con el éxito de El Marginal alcanzaste el punto más alto de popularidad de tu carrera. Pero estuviste en películas muy prestigiosas también como Carancho, Leonera y Elefante Blanco. ¿Por qué creés que con El Marginal tuviste mayor reconocimiento?

La televisión tiene una cuestión mucho más masiva. Las películas que yo hice son más prestigiosas y de festivales, pero que también son de un público más específico. No son de llegar a un millón de espectadores, ni siquiera apuntan a eso. Siempre tuve mucho reconocimiento por ellas y una devolución muy linda pero un tipo de popularidad más asociado a la admiración.

El Marginal genera una cosa de masividad que es lo que te facilita una pantalla de televisión. Una cosa es para la gente ir a pagar una entrada de cine y otra cosa es la tele que entra directamente a tu casa. Es muy transversal, que llega a distintos tipos de públicos. Desde la persona que me acomoda el auto en la calle, el médico que me reconoce cuando voy a hacer una consulta, hasta el taxista que me lleva. Y eso es lo que genera la masividad, que no es donde apunté yo durante mi carrera. Siempre elegí proyectos donde me sintiera más identificada, pero en El Marginal se dio la conjunción de esas dos cosas. Es un proyecto prestigioso que en realidad lo elegí por eso, pero me sorprendió y nadie esperaba que pasara lo que pasó con la serie.

 

La serie fue un hit en Francia. ¿Cómo te enteraste y cómo te impactó esa noticia?

Sí, es un hit. En Francia prácticamente no ven Netflix, Canal+ es básicamente todo lo que se ve, tiene mucho nivel de popularidad, y compró la serie. Me impactó porque estaba en París y concretamente me frenaron en la calle, yo pensé que tenía que ver con el reconocimiento que suelo recibir por Leonera, Carancho o Elefante Blanco que llegaron al Festival de Cannes, pero me sorprendí mucho cuando escuché que me hablaban de Ema de El Marginal, y fue en un contexto absolutamente casual, en la calle.

 

¿Cuáles son tus expectativas con respecto a La quietud? ¿Creés que tendrá un público masivo?

No es una película para público masivo, es un drama intimista bastante fuerte, que toca temas bastante profundos relacionados con los vínculos, con la familia. Es una película intensa, densa, que claramente está dirigida a un público específico que es el público que sigue las películas de Pablo (Trapero), que quiere ver este tipo de cine más “festivalero”, pero lejos está de ser una película dirigida a un público masivo como puede haber sido con el caso de El Clan. Pero sí tengo expectativas de que la gente pueda conmoverse, de generar una cuestión de empatía relacionada con la reflexión de los vínculos.

Es una película que trata sobre los vínculos entre las hermanas, entre madre e hija, padre e hijo, entre parejas, amantes. Tiene que ver con todo lo que se dice en las relaciones, lo que no se dice, lo que se oculta, todo el movimiento que hay debajo de la supuesta “quietud”, todo lo que se oculta dentro de una familia, los roles que hay dentro de una familia. Es una película muy vincular, entonces la expectativa es, concretamente, conmover.  

 

¿Cómo fue el proceso de construcción de tu personaje?

Mi personaje es el de Mía, que aparenta ser bastante pasivo, y en esa pasividad va activando el vínculo del resto de los personajes. Es un personaje que “pivotea” con todos, por lo tanto el mayor desafío de su construcción fue un poco eso, entender cómo era la dinámica de trabajo de cada uno, porque eran todas muy distintas. Una cosa era trabajar con Bérénice (Bejo) que venía de Francia, con Edgar (Ramírez) que venía de un formato más “hollywoodense”, con Graciela Borges que es una gran “diva” de cine argentino y que venía de otro registro. Mi trabajo tenía que ver con formar un vínculo específico con cada uno, y Mía es un poco la que va caldeando las aguas en esta “quietud” para que todo explote.

La película tiene un quiebre bastante fuerte en la mitad, como si empezara a cargar y a cargar como una gran olla a presión y en la segunda mitad explota todo. Y mi personaje es el que va generando eso, que aparenta una gran vulnerabilidad pero que al mismo tiempo soporta un montón de cosas y tiene un .montón de fortaleza interna. Tiene una dualidad muy fuerte y está en una constante búsqueda del amor, en un lugar bastante complicado relacionado con la capacidad de darlo y recibirlo. Fue mucho trabajo de mesa, de escritura, en el set, es una película muy de actuación, con escenas complejas y largas. Y con Bérénice principalmente lo que tuvimos que trabajar fue el vínculo entre nosotras, que básicamente es la esencia del film.

 

¿En qué formato actoral te sentís más cómoda?

En el cine, por los tiempos, por la posibilidad de construcción. El período que más disfruto como actriz tiene que ver con la parte de investigación. Tanto en Leonera como en Carancho estuve entre seis meses y un año investigando. Hay algo que es lo que más disfruto, que cuando llega el momento del set ya está, ese personaje ya es “ese” personaje, y en la tele es muy difícil tener esa posibilidad de ir construyendo. En ese sentido lo que más me gusta tiene que ver con el cine. Igual cada formato te va aportando cuestiones diferentes. La tele te da la posibilidad de un “training” súper fuerte, porque tenés que resolver, los guiones te llegan sobre la marcha, si bien armás a tu personaje de antemano también lo vas moldeando a medida que lo vas haciendo.

En el cine no, generalmente con el período de investigación uno ya construye todo con el guión, ya te armas todas las “boyas” de tu personaje que van a ir armando el arco dramático que querés construir, eso ya está bastante de antemano. Y el teatro tiene otro formato que nada que ver, está relacionado con la inmediatez de la gente, la función es única. Cada uno de los formatos te va aportando y enriqueciendo de formas distintas como actor o actriz. Pero en lo personal, creo que lo que más disfruto tiene que ver con el cine y la posibilidad de contar ese cuento, como de vivir muchas vidas en una y poder construir un cuento concreto y sólido para compartir con otros.

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Milagros Vallejos Soto

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