Ponele.info

¿Por qué “Aquaman” es tan mala?

Desmerecer a la industria de los superhéroes es otro síntoma del desconocimiento del funcionamiento del capital. Sí, todos sabemos que para fabricar buenas cuentas offshore en las Islas Caimán, por ejemplo, hacen falta asesores legales serios y operadores financieros entrenados. Pero para conocer la relación predilecta entre el cine de superhéroes y el capitalismo basta con saber usar Google.

Un ejemplo: durante 2018, Marvel Studios produjo ingresos por 3925 millones de dólares gracias a las películas Black Panther, Avengers: Infinity War y Ant-Man and the Wasp. Aún así, el mercado de los superhéroes se mantenía “diversificado”, como dicen los hombres y las mujeres de negocios, por lo que la empresa de multimedios más poderosa del planeta, The Walt Disney Company, compró a la 20th Century Fox.

La cifra de esa compra fue de unos 72.000 millones de dólares, y sirvió para que Disney ya no solo fuera propietaria de Marvel Studios, sino para que se convirtiera, además, en la propietaria de todos los otros personajes creados por Marvel, incluidos los X-Men (que van a estrenar una nueva película en 2019).

Y bien, ¿dónde encaja Aquaman en esta historia? Como muchos otros saben, “el rey de la Atlántida” no es un personaje de Marvel. De hecho, es un personaje de Detective Cómics (DC), la otra gran línea de producción de superhéroes en el cine, hasta el momento, en manos de Warner Bros. Entertainment. Y esto es importante, porque Warner Bros. Entertainment es una corporación que con ganancias anuales de 13.000 millones de dólares es una de las pocas contrincantes de The Walt Disney Company.

¿Qué pasó con Aquaman?

Pero, ¿por qué Aquaman es tan mala? ¿Es la confusión del guión, que muestra demasiadas disputas palaciegas en demasiados reinos subacuáticos? ¿Son los actores, con un Jason Momoa que no termina de despegarse de su personaje indescifrable en Game of Thrones y una Amber Heard que todavía arrastra “el segundo peor estreno en la historia de Hollywood”?

Aquaman es tan mala que tiene la capacidad de expandir el tiempo, gracias a lo cual si bien dura dos horas y veinte minutos, quienes la hayan visto saben que hablamos de dos horas y veinte minutos que se sienten, tranquilamente, como tres horas sólidas, o tal vez cuatro.

En realidad, Aquaman es mala simplemente por lo mismo que todas las películas malas son malas: una narración pobre. Pero Aquaman tiene una particularidad. Lo que narra de manera fallida no es solamente la historia de su protagonista y de sus padres, y de sus maestros, con sus respectivas familias, o la historia de su novia (y además la historia de sus enemigos, de los parientes de sus enemigos y de las muchas monarquías que flotan y se arrastran por el fondo del océano desde hace miles de años). Lo que Aquaman tampoco logra narrar es su exacta inclusión en la batalla de las mayores corporaciones del mundo del entretenimiento.

Derrota cultural

Ni siquiera a las personas a las que les gustan los cómics les gustó Aquaman. Entre los especialistas que conozco, y a los que les pedí alguna opinión, uno me dijo que no tenía pensada verla y otro ni siquiera se tomó la molestia de contestarme. Es más: ninguno quiso que mencionara su nombre (porque todavía quieren ir a los preestrenos gratis), pero todos estuvieron de acuerdo en que, después de Aquaman, es insensato seguir repitiendo que Justice League es una “mala película”. No, no lo es si cualquiera la compara con Aquaman, tan democráticamente mala que grandes, adolescentes y chicos bostezan por igual en el cine.

¿Hay poesía en los cómics? ¿Y hay poesía en las películas basadas en cómics? El asunto es que mientras vivimos en la poesía, también vivimos en la verdad. Pero Aquaman es incapaz de alcanzar un solo momento de verdad. Y eso, al compás de la batalla comercial entre DC/Warner y Disney/Marvel/Fox, significa que Aquaman es incapaz de elaborar una narración del hecho ineludible de que su bando, DC/Warner, perdió la batalla contra Disney/Marvel/Fox.Desde ya, aún si el objeto de deseo que perseguimos en la realidad es ilusorio, todavía debería haber algo real en la ilusión. Pero en este punto, Aquaman se hunde por completo: es tan mala que pasa por alto incluso “lo real de la ilusión”, y al hacerlo omite nada menos que el hecho de que la ficción es necesaria para ocultar el vacío de la realidad. ¿Qué es Aquaman, entonces? En pocas palabras, un presupuesto de 160 millones de dólares que apenas recaudó para DC 500 millones. Menos de la mitad que Black Panther, una de las peores películas de Marvel, que este año recaudó 1340 millones.

Avatar

Nicolás Mavrakis

contacto@ponele.info