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Algunas cosas por las cuales el G20 fue un retroceso en términos de agenda de género

Si bien Macri, en su discurso de cierre, nombró como uno de los ejes del G20  “el empoderamiento de las mujeres, del que ya nadie duda”, ¿cuánto de verdad hay en esto? ¿Esta postura se reflejó realmente en la cumbre? ¿O es sólo una declaración erigida en un intento de aparentar concordancia con la revolución mundial que está produciendo el movimiento feminista?

¿No es acaso el G20 un espacio altamente masculinizado? ¿Las “actividades para las primeras damas”, el tratamiento diferencial de los medios hacia las mujeres presentes, la inmensa y tradicional mayoría de hombres entre lxs líderes y sus equipos, no son reflejo fiel de un mundo signado por un profundo machismo?

La desigualdad en una foto

La clásica foto oficial del G20 pone en evidencia año tras año algo que las feministas señalan desde hace tiempo: a nivel global, para las mujeres es muy difícil alcanzar puestos trascendentes en la política (o, mejor dicho, en cualquier ámbito).

La escasa injerencia política de las mujeres (a pesar de que los medios describen a las primeras damas como “líderes”), que propicia la perpetuación del orden patriarcal que actualmente atraviesa todas las esferas de la sociedad.

Si están comenzando a haber cambios, se debe a la intensa movilización y lucha de mujeres -ciudadanas- en las calles, en los hogares y, por qué no, en las redes; es un cambio que no surge de la dirigencia política, sino que se impulsa desde las bases.

Pese al avance de la ola feminista mundial, desde 2012 la cantidad de mujeres líderes presentes en la famosa foto viene descendiendo: mientras que ese año hubo cinco, en las cinco ediciones siguientes aparecieron cuatro, y este año -ante el retraso de Merkel-, sólo se hicieron presentes dos: la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, y nuestra segunda presidenta Christine Lagarde.

Arte, cultura y machismo

Un fin de semana, mientras los jefes de estado -entre los que se encuentran únicamente dos mujeres- se reunían en la sesión plenaria para dar inicio a los debates sobre políticas económicas mundiales, las primeras damas se dedicaron a una serie de actividades coordinadas por Juliana Awada.

Consistió en una visita a Villa Ocampo, que fue residencia de la escritora Victoria Ocampo, un almuerzo tradicional y una presentación en el MALBA de un proyecto secundario del Plan Nacional de Primera Infancia, que involucra a diez artistas que van a intervenir espacios para chicxs en barrios carenciados.

En resumidas cuentas, las actividades programadas para las primeras damas se limitaron a una degustación de arte y comida argentina, y, como plus, como triste forma de intervención política, un proyecto dedicado a aquello que las mujeres conocen bien: lxs niñxs.

De esta manera, la agenda de las primeras damas, totalmente desprovista de actividades vinculadas a la política, economía, y mucho menos al feminismo, reafirmó el lugar que tradicionalmente se le ha dado a la mujer: las actividades relativas a “lo humano” y “lo sensible”.

La transición histórica consistió en que las mujeres pasaran de dedicarse a los hijos y a alguna que otra actividad de beneficencia, a tener la posibilidad, en el siglo XXI, de ocupar cargos políticos dedicados a la cultura, la primera infancia, el desarrollo social, etc. La economía y los espacios dirigidos a encarar medidas que afecten estructuralmente al país están acaparados por hombres.

La excepción

Como actividad individual complementaria, la mayoría de las primeras damas eligieron visitar otros museos, a diferencia de Sophie Grégoire Trudeau, esposa del primer ministro de Canadá,que se reunió con periodistas en la embajada de su país para dar una charla sobre feminismo.

Vocera de la lucha contra la anorexia y la bulimia y feminista declarada en su país, uno de los pioneros en derechos de la mujer, en el cual lleva adelante una campaña en contra de la violencia de género. Se habló de limitaciones laborales, el aborto legal y el movimiento Ni Una Menos.

El enfoque de los medios argentinos

Los medios, que en la cobertura de la cumbre se focalizaron en la “habilidad” de la policía para gestionar la llegada de los presidentes, la anécdota de Trump dejando caer el aparato desde donde escuchaba la traducción y la preparación del choripán que le darían a los líderes, no nombraron la reunión realizada por la canadiense.

En su lugar, en lo que concierne a la (escasa) presencia femenina en el G20, se dedicaron a analizar la ropa de cada una de las mujeres presentes de forma exhaustiva. Esto no se limitó a las primeras damas: incluso se hizo una amplia cobertura sobre los trajes usados por Merkel.

No hubo un solo comentario sobre la vestimenta de ninguno de los hombres. Googlear “G20 mujeres” nos da como resultados infinidad de rankings y fotos de los “looks” de las asistentes, y cada diez de este tipo de notas, surge algún artículo sobre las supuestas propuestas de empoderamiento e inclusión femenina en el mercado laboral discutidas en la cumbre o en el W20, reflejando las vetustas prioridades aún vigentes de los medios de nuestro país.

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Natalia Gherardi

Nació en el año 2000. Es ex-alumna del Nacional Buenos Aires y estudia Sociología.

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