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Macri, los dueños del futuro y los riesgos del gradualismo inversor

Cada gobierno elige a sus empresarios. Con sus políticas económicas y con sus alianzas políticas elige cuáles serán sus interlocutores, sus modelos de capitalismo y, a veces también, sus adversarios. Un gobierno como el de Cambiemos, integrado por ex empresarios y resuelto a modernizar el capitalismo argentino, debería potenciar esa regla. Y sin embargo, las inversiones tardan en llegar.

Antes de estudiar esta relación nada obvia y llena de dobleces conviene mapear ligeramente el mundo empresario argentino.

Tres generaciones de empresarios

En casi 40 años de democracia podemos distinguir a 3 generaciones de empresarios recortadas sobre el ciclo económico argentino:

Hay una primera generación de capitanes de la industria que crecieron al calor del desarrollismo como contratistas del Estado o bajo diferentes sistemas de promoción. Supieron licuarse bajo la híper de los ‘80 y aprovecharon las privatizaciones de los ‘90. Rocca, Bulgheroni, Eurnekian, Macri, Pérez Companc y Bunge & Born son algunos de los apellidos ya dinásticos de esta generación que hoy encara el trasvase generacional.

Una segunda generación es la que se formó al calor de la crisis del desarrollismo. Entraron al mundo de los negocios a fines de los 70s, surfearon la ciclotimia de los 80s y 90s para consolidarse en plena crisis del 2001. Eduardo Costantini y Eduardo Elsztain en desarrollos inmobiliarios, los Bartolomé y los Grobocopatel en agronegocios y Hugo Sigman en la industria farmacéutica son algunos de los que pueden ser llamados, con toda justicia, “emprendedores”: nacidos bajo las crisis, aprendieron a adaptarse y desarrollaron productos y negocios novedosos. Hasta un heredero como Federico Braun tuvo que reestructurar violentamente el imperio de La Anónima para garantizarle vida en el siglo XXI.

Finalmente, hay una tercera generación de empresarios surgidos a partir de la crisis de 2001. Menores de 50 años que vieron pasar el auge y caída de las puntocom para retomar el legado en el e-commerce y el desarrollo de software. Marcos Galperin de Mercado Libre es la figura más representativa de este grupo, que también integra a GlobAnt e, incluso, a Federico Tomasevich de Puente, otro heredero que refundó su empresa y hoy se considera más hermanado con los emprendedores digitales (todos los cuales, dicho sea de paso, comenzaron en un fondo de inversión).

Neoliberalismo 2.0

Mientras que el famoso “gabinete de CEOs”, con Macri a la cabeza, integra a socios, gerentes o herederos de la primera generación, con excepciones notorias como Mario Quintana u Horacio Reyser, el gobierno prefiere referenciarse en la segunda y, especialmente, en la tercera generación. En sus primeras giras, Macri se hizo acompañar por Galperín y Guibert Englebienne de Globant como modelos del capitalismo emprendedor que pretende gatillar en el país.

Con Hernan Vanoli estudiamos a estas nuevas generaciones de empresarios en Los dueños del futuro, editado por Planeta en 2017. Luego de largas entrevistas encontramos un programa común a todos ellos que podría ser formulado como el conjunto de medidas que esperan del gobierno de Cambiemos. Una suerte de neoliberalismo 2.0, diferente al de los años 90s:

1. Reforma laboral: un proyecto aplazado desde los años 90, cuando las privatizaciones y la apertura eran más urgentes y tanto el gobierno peronista como los empresarios de la primera generación tenían experiencia y predisposición en negociar con los grandes sindicatos. La crisis terminó por flexibilizar de hecho a un parte del mercado laboral. Hoy los empresarios consideran fundamental cambiar radicalmente la legislación laboral y disminuir el poder de los sindicatos en aras de lograr competitividad. Tarea que el gobierno está encarando convenio por convenio.

2. Apertura relativa: si bien los empresarios esperaban que el arreglo con los holdouts y el desmontaje del sistema de controles de la Secretaría de Comercio normalizaran las relaciones internacionales de Argentina, son conscientes de que la hospitalaria aldea global tal como se conoció en los ‘90 ha terminado. Tomasevich es taxativo: la globalización murió en 2008, vivimos en un mundo de regiones; océanos azules, al decir de Braun, en donde la competencia cede a las ventajas territoriales. Las dificultades del gobierno en abrir mercados, entonces, no debieran sorprender ni alterar a un mundo de los negocios más atento a la reactivación brasileña.

3. Reforma fiscal: atacar la inflación y alivianar la estructura fiscal reduciendo el gasto público es la consigna más urgente que los empresarios comparten con el gobierno. Pero aquí empiezan las diferencias.

El gradualismo de los inversores

La paradoja de este “gobierno de CEOs sin experiencia política” es que, a dos años de asumir, tienen más éxitos políticos que económicos. Concentrado en evitar un estallido social, Cambiemos ha logrado incrementar su caudal de votos y desarticular a la oposición a costa de recalcular casi todas sus metas económicas de enero de 2016. Metas de inflación y de déficit, tasas de interés, expectativas de crecimiento, todo tuvo que ser recalibrado a la baja ante la frialdad de los mercados o el calor de la masas.

Independientemente del debate sobre el “gradualismo” del gobierno, es claro que los empresarios hubieran preferido mayor rigor y velocidad. Y responden al gradualismo político con un “gradualismo inversor”. El  mercado financiero digiere al trago amargo de Sturzenegger recalculando metas, el agro y una parte de la industria se capitaliza, el retail espera al consumo, algunos sufren la quita de subsidios y todos velan por que Brasil despierte. Pero un capitalismo como el argentino criado en el stop and go no parece dispuesto a acelerar más que el gobierno. Y el gobierno prefiere ir a esta velocidad.

En definitiva, “la política es la expresión concentrada de la economía”: lo primero que Cambiemos quiso ofrecer al inversor es la gobernabilidad que garantizara las reformas, aún a costa de las mismas reformas. Y de las inversiones.

Macrismo crítico

Al final del día, los “dueños del futuro” son macristas críticos: prefieren a Cambiemos sobre cualquier alternativa política existente aunque su posición y sus intereses les impidan apoyar abiertamente al gobierno. Por otro lado, el PRO logró lo que nadie en un siglo: que mucha gente votara a un partido de centro derecha compuesto por personas de origen empresario para que los gobierne.

¿Se transformará Cambiemos en el Gran Partido de los empresarios? ¿Será el puente hacia la política para emprendedores jóvenes y con proyección mediática como Galperín y Englebienne, o el mismo Tomasevich, que admitió que pondría a sus empleados a disposición del gobierno? Otra vez, depende del desempeño. Ante una nueva crisis los nuevos empresarios preferirán su vieja trinchera en la retaguardia de la política argentina. Si las reformas llegan a buen puerto, quizás tengamos un Grand New Party argentino: un partido político de masas que represente y reclute a los hombres de negocios.

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