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“Las mujeres más pobres ni siquiera pueden pagar las pastillas de misoprostol” – Entrevista con Mercedes D’Alessandro, referente de Economía Feminista (Parte 1)

Por Julián Bokser

Mercedes, sabemos que sos una referente del feminismo y que tratás de pensar las cuestiones de género desde una perspectiva económica. Pero las presentaciones pueden ser antipáticas, así que prefiero que la hagas vos.

Bueno, soy economista, doctora en economía, a mí me gusta reforzar el tema de doctora en economía porque somos muy pocas mujeres que tenemos un nivel de doctorado en esta disciplina. Trabajo con economía feminista, en una organización que fundé hace unos 3 años ya, y que creció mucho en cantidad de gente pero también en temas. Al principio solamente trabajábamos temas de economía con perspectiva feminista, y ahora estamos abordando temas de salud, de comunicación, de ciencia, etcétera. Y la verdad que para mí estuvo buenísimo, aprendí bocha, y creo que además sirvió para desempolvar unas ideas que están un poco ajadas y cambiar algunas discusiones, así que eso me pone contenta.

 

¿Cómo explicarías la economía feminista?

La economía en general trabaja con todas las cosas que se pueden medir con precios, ¿no? El tipo de cambio, la inflación, el salario, la tasa de interés. Y hay una dimensión del trabajo que aparece invisibilizada dentro de esta estructura que solamente mira precios, que es el trabajo que se hace en el interior de los hogares. Son los que se llaman “trabajos domésticos y de cuidados no remunerados”. Lavar, planchar, cocinar, cuidar a los chicos, a los adultos mayores. Y todo eso aparece como si fuera una cuestión que se resuelve puertas adentro de un hogar y que no es un problema económico porque es un problema privado. La economía feminista viene a correr un telón, digamos, el telón del mercado, y decir “Bueno, pero todos estos trabajos que se hacen dentro de los hogares son los que sostienen los trabajos que se hacen fuera de los ellos”. Nadie puede ir a trabajar si no tiene la comida en la heladera, la ropa aseada, la cama ordenada y la casa limpia, y estos trabajos que se hacen en el interior de los hogares son los que sostienen el trabajo en general en la sociedad capitalista, pero ¿qué pasa? Las personas que lo hacen no tienen ninguna retribución sobre esto, y si bien no tienen ninguna retribución, para estas personas tiene un costo, y tiene un costo en tiempo. Básicamente, el 76% de estas tareas en Argentina las realizan las mujeres, es decir que las mujeres hacen 3 veces más trabajo domestico y de cuidado no remunerado que los varones, y eso significa un promedio de 6 horas diarias dedicadas a estas tareas, y eso significa una doble jornada laboral para las mujeres, y esto explica gran parte de los problemas económicos que enfrentan las mujeres: Su brecha salarial, su precarización laboral, las elevadas tasas de desempleo, sobre todo para las más jóvenes. Entonces la economía feminista, de alguna manera, echa luz sobre este fenómeno e intenta integrarlo a la discusión, porque si nosotros anulamos esto tal y como está hoy en la discusión económica, y también lo anulamos en las mediciones de estadística, termina anulado en la diagramación de políticas públicas y termina anulado también en nuestras formas de referencia cultural a lo que es el trabajo y a lo que es la economía. Por eso la economía feminista tiene como uno de sus objetos esta revalorización de los trabajos que se hacen en los hogares y que, tomando una referencia feminista de la segunda ola, que dice que “Lo personal es político”, esto que aparece como si fuera algo personal, en realidad es político, y es político en tanto y en cuanto si vos no conseguís la perspectiva de género dentro de las políticas públicas, amplificás las desigualdades, amplificás la brecha entre ricos y pobres y sobre todo sabiendo que las mujeres son las más pobres.

 

Estamos en medio de la discusión en el congreso por el aborto, producto de años y años de lucha de distintas organizaciones. Más allá de lo que pase finalmente ¿hay un aspecto económico del aborto que atraviesa la discusión?

Sí. Hay un aspecto económico. Por ejemplo, el dato dice que, en promedio, un aborto clandestino sale veinte mil pesos. El aborto por misoprostol sale 3 mil pesos, y el 75% de las mujeres tiene ingresos menores a 12 mil pesos, y las más pobres no llegan a los 2 mil pesos. Estos datos muestran que, incluso si vas al 75% de las mujeres que reciben ingresos, no pueden pagar la mitad de lo que sale un aborto clandestino, y las más pobres no llegan ni siquiera a las pastillas de misoprostol que son el método más barato, aunque no lo más fácil ni accesible porque en muchos lugares venden con receta, en otros no te las quieren vender, y así. Es algo que a las mujeres más pobres les pega más. De hecho, en Argentina tenemos tasas de embarazo adolescente muy altas en relación a Latinoamérica (que es la segunda región con tasas de embarazo adolescente más altas del planeta, después de África), y la estadística te dice que cada 5 minutos nace el bebe de una madre adolescente, y cada 3 horas de una menor de 15 años (casos relacionados, en general, con abuso). El protocolo de aborto no punible se aplica solo en nueve provincias, por lo que esas chicas no pueden abortar. Siete de cada diez embarazos adolescentes son chicas pobres que viven en hogares pobres. Cerca del 70% tiene que dejar los estudios. La mayoría de ellas dice que no conocía o no sabía usar métodos anticonceptivos. Entonces ahí uno se da cuenta de que hay una dimensión de clase social en la cual las chicas jóvenes más pobres están más expuestas a la falta de acceso a la ESI, la falta de acceso a una anticoncepción segura, porque el anticonceptivo puede estar en el hospital pero vos no sabés como utilizarlo correctamente, y no tenés la información para tener un cuidado de tu cuerpo. Y después también no se cumplen los protocolos que deberían llevarse adelante, y eso hace que las personas más pobres caigan en manos de aborteras, de mujeres que tienen formas medio exóticas para abortar, o tengan que gastar un dinero que no tienen en una clínica clandestina, también poniendo en riesgo su vida. Entonces tiene un impacto mayor sobre la vida de las mujeres pobres, si bien la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, es para todas las mujeres. En ese sentido, me parece que es importante entender que esto también está atravesado por la desigualdad.

 

¿En qué cosas creés que se ha avanzado o mejorado?

Bueno, una de las cosas, ya que hablamos del aborto, que permite este salto, es que las mujeres pueden acceder a anticonceptivos. Algo que permite que las mujeres puedan salir a trabajar es la planificación familiar a partir de anticonceptivos. Las tasas de natalidad en las décadas del cincuenta y del sesenta eran 5 hijos promedio, y hoy son 2,5 por familia. No es lo mismo tener 5 pibes en tu casa que tener uno o 2. También, que las mujeres ingresen al mercado laboral no necesariamente es un empoderamiento de la mujer ni una cosa de “uh que bueno las pibas”. En Argentina, el salto más importante de entrada de mujeres al mercado laboral se da en los noventas, en medio de la flexibilización laboral y en camino a la crisis del 2001, y ocurre básicamente porque el ingreso del varón no alcanza para cubrir los gastos de la familia, entonces la mujer empieza a tener que tomar un rol más activo en conseguir ingresos para los hogares. Al mismo tiempo, que la mujer ingrese al mercado laboral tampoco significa que la mujer ingresó al paraíso. Ingresa a un mercado laboral en donde gana menos, donde tiene mayores niveles de precarización, en donde carga con las tareas domesticas de alrededor, y donde tiene muchísimos obstáculos para desarrollarse y crecer en la estructura de trabajo. Con lo cual, digamos, es incluso, no sé, nos cagaron… pero digo eso, no necesariamente la lectura es “la mujeres ganamos”. Al contrario, hay lecturas muy diferentes en torno a ese proceso.

 

¿Hay un feminismo conservador? Te lo pregunto también pensando, más allá de que ellas no se reivindiquen como feministas, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal, Gabriela Michetti, son  mujeres que ocupan posiciones de poder y que no necesariamente han mostrado preocupadas por la situación de las mujeres.

Sí, en realidad te diría que hay muchas mujeres machistas. El feminismo no es una cosa de que si tenés concha sos feminista, ¿no? El feminismo es una posición política también, y en ese sentido hay discusiones. Por ejemplo, hay organizaciones, mismo el FMI, el banco mundial, que nosotros los ubicaríamos del lado conservador o de derecha y que tienen políticas de género y planes y agendas de género. Ivanka Trump se reivindica feminista. Ahora, ¿qué significa ser feminista? ¿Significa que decís “Yo soy feminista y estoy del lado de las mujeres y lucho por las mujeres? Si el feminismo tiene algún otro contenido, entonces primero tenemos que ver que sería el feminismo, y ahí podríamos ver si es posible un feminismo de derecha. Desde mi perspectiva no es posible un feminismo de derecha, un feminismo conservador, porque yo entiendo que el feminismo es identificar que hay una desigualdad que está atravesada por el género. Además como esa desigualdad es económica es parte del funcionamiento de la sociedad en la que vivimos, del sistema capitalista, y entonces una mujer que tira para el lado del 1% que concentra capital y riqueza, y amplia las desigualdades, no es feminista en tanto y en cuanto está en contra de los objetivos esenciales del feminismo, entonces una mujer que vota a favor de la reforma previsional, que deja sin posibilidades de acceder a una jubilación a las trabajadoras domesticas que están precarizadas, a las mujeres que son amas de casa, a las que son trabajadoras que son un rato empleadas domesticas y otro rato amas de casa. Votar a favor de eso, para mí, te convierte en no feminista, porque lo que estás haciendo es ampliar la brecha entre los varones que pueden acceder a una jubilación y las mujeres que ahora solo pueden tener una pensión universal de 6 mil pesos. Entonces, en ese sentido, para mi podes querer decir o confundirte, y pensar que el feminismo es solo un “Estoy del lado de las mujeres”, pero en términos políticos, entendiendo que el feminismo tiene una lectura política, y está parado de un lado de esa grieta de la desigualdad, entonces no puede haber un feminismo de derecha.

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