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Mirá cómo nos ponemos

Ilustración: Sukermercado

“Yo también estoy con el ‘no es no’”. Así se defendió Juan Darthés de su primera acusación pública, hecha por Calu Rivero el año pasado. Lo denunció por acoso sexual en las escenas de intimidad que filmaron para una telenovela de 2012.

La mayor parte de los personajes de la televisión descreyeron de la denuncia; a Calu se la trató de exagerada, de mentirosa, de histérica, de buscafama y todos los adjetivos que se le suelen adjudicar a una mujer que denuncia un abuso sexual. Darthés era un “actor familiero”, un “caballero” que sólo cumplía con su rol de actor, interpretando su personaje con pasión. El mismo lo dijo: “la actitud inapropiada es propia de la ficción”.  

Esta misma acusación que en su momento todxs deslegitimaron y fue constante objeto de sospecha, fue también la que le abrió los ojos a Thelma Fardin para que contara su caso, su historia: su violación.

Me estremeció encender la televisión y ver a una chica que formaba parte del elenco de una serie que -así como para muchxs de mi generación- significó la rutina de todas mis tardes al llegar del colegio cuando era piba, contar cómo fue tocada y penetrada por uno de los adultos protagonistas de la tira.

Y me estremeció no sólo por el hecho del abuso sexual en sí, sino también porque me di cuenta, una vez más, del poder que tiene el patriarcado sobre todxs nosotrxs, incluso sobre nosotras, las que muchas veces nos creemos feministas 100% deconstruidas.

Yo también tuve alguna que otra duda cuando surgió la denuncia de Calu, a mi también el patriarcado me cegó tanto como para dudar de una mujer que manifestaba haber sido víctima de una situación de acoso sexual.

Y tan vendados tenemos los ojos que luego de esa denuncia, sumada a las de Natalia Juncos y Ana Coacci, aceptamos tan tranquilamente que este desagradable personaje siguiera trabajando con normalidad y protagonizara una telenovela con Ángeles Torres, una piba que en su momento tenía 19 años. Así de ciegos estamos.

Si tanta gente se niega a creer un abuso porque “Juan es un buen hombre, un caballero”, teniendo en cuenta que no conocen a esa persona, que sólo lo han visto a través de la pantalla, ¿qué queda para las pibas que denuncian haber sido abusadas por un amigo de la familia,  por su padrastro, por su tío, por su hermano, por su marido violento, por su padre?

Si un actor al que nunca han conocido representa una figura de integridad inquebrantable, inmune a cualquier tipo de denuncia, ¿qué queda para el círculo íntimo, donde casualmente ocurren gran parte de los abusos sexuales?

Así de alienadas están también muchas mujeres que no logran empatizar con una compañera que denuncia haber sido penetrada contra su voluntad  a los 16 años por un hombre que triplicaba su edad.

Esas mujeres que no se sensibilizan en lo más mínimo al escuchar su relato, al ver sus lágrimas, para las que la denuncia hecha en Nicaragua no significa nada; porque la mujer es siempre eso: una exagerada, una histérica, una embaucadora que no pierde oportunidad de sacar provecho, una trepadora. Es la que no gritó por ayuda, la que no denunció cuando debía, la que se lo buscó, la que tenía la pollera corta, la que provocaba. Es una puta mentirosa.

Pero ver a todas esas actrices unidas, portando el pañuelo verde, ver mi Instragram repleto de “mirá cómo nos ponemos”, ver a un grupo de personas haciendo un escrache en la puerta del barrio privado de Darthés, me reasegura algo que las pibas vienen gritando desde hace tiempo: se va a caer.

Entre todxs, y a través de la fuerza de la lucha de las mujeres, vamos a tirar cada una de las representaciones del patriarcado. Vamos a matar a nuestro macho interior, vamos a lograr la deconstrucción total de la sociedad que tanto naturaliza la violencia diaria hacia la mujer.

Vamos a abrirles los ojos a esas mujeres que no son conscientes de la opresión que sufren desde que nacieron, aquellas a las que convencieron de que la enemiga es la otra, y no el patriarcado. Vamos a empoderarnos de forma plena y definitiva.

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Natalia Gherardi

Nació en el año 2000. Es ex-alumna del Nacional Buenos Aires y estudia Sociología.

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