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Villa Gesell: Noticias de ayer

Un día decidís irte de vacaciones por primera vez. Juntás guita todo el año. Alquilás el hospedaje. Sos joven. Estudiás. Trabajás. Recién estás saliendo a la vida. Tenés tu noviecita. Los primeros amores. Los que no se olvidan. Te tomás un micro. Hace mucho calor. Caminás por la playa. Alguien te regala entradas para un boliche. Pensás que es un buen plan. Hacés una previa, comés rabas, tomás birra. Entrás. Bailás. Vas a la barra por un trago. Estás lúcido, dentro de todo. Suenan los hits del verano. Esto me lo merezco, decís. De repente un empujón, perdido en la multitud. Sin querer le manchás la camisa a uno. Te pega. Te pega el otro. Te pega el amigo de ellos. Te pegan todos los amigos. Vos no das más. El patovica los saca, a todos juntos. Te regala. En el piso te patean, se ríen. Alguien filma. Vos no te movés, querés que todo termine. Ya está, ya perdiste. Pero viene el golpe mortal. El tiro de gracia. Uno te patea la cabeza. Morís. Ellos siguen como si nada. Van a tomar un helado. Llegan a la casa donde están parando, narran lo que acaba de pasar. Se felicitan. Uno quiebra y se tira a dormir. El resto sigue sobresaltado. Suben historias a Instagram, se viraliza un video. La policía los tiene en la mira. Llegan a la casa. Todos contra el piso. Pibes que se piensan que la cárcel es como en El Marginal. Todos detenidos. Condena social. Un boliche que se lava las manos. Un imputado que no tiene nada que ver. Pibes bien que esta vez ni el poder va a salvar. Un país conmocionado.


A Fernando Báez Sosa lo mató una patota de nenes ricos. Jóvenes sin problemas alimenticios ni económicos. Con padres en el poder. Empresarios. Pibes que se criaron en la impunidad. No solo le pegaron y asesinaron entre diez, sino que, ya en el piso, lo patearon de nuevo. Algo que ni en las peleas más salvajes del conurbano profundo ocurre. Porque se boxea a mano a mano, todavía. Y la gente grande hace respetar esos códigos de vieja escuela. La ley es simple. El que patotea es cagón. Y ni siquiera hay que decir que fue porque practicaban rugby o estaban alcoholizados. Son violentos naturales. Nadie en su sano juicio iría a un boliche a pelearse porque sí. Y mucho menos matar a alguien en manada. Ojalá se haga justicia. Fernando no va a volver. Pero ellos tampoco. Un fantasma los visitará por las noches, en esas celdas comunes donde estarán años y años. Fernando no va a volver, pero nosotros nos vamos a ocupar de que ellos tampoco.

La calle es una selva
y nosotros morimos
tantas veces
que la muerte verdadera
será una fiesta sorpresa.

 

*Foto de portada de Fernando De la Orden

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Damián Quilici

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