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Efecto Braian

“Si van a votar no lleven el celu”, era una de las frases que acompañaba la foto del presidente de mesa de una escuela de Moreno. Morocho, de campera deportiva y con visera. Suficiente para que fuera tildado de pibe chorro. Porque vive en el conurbano. Si fuese en Palermo sería cool y revolucionario. Lo triste es que quien sacó la foto y la subió a las redes a modo de meme seguramente sea alguien del barrio, que pisa las mismas calles de tierra que Braian. Para sentirse discriminado siendo de barrio bajo no hace falta ir a la clase media, entre vecinos nomás nos discriminamos. Aquel que tiene techo de chapa con membrana dice que el de al lado, que no tiene membrana, no quiere progresar. El otro, que tiene un caminito de cascotes para no pisar barro, discrimina al que no tiene: “acá el que pisa barro es porque quiere”.

Es jueves y en la puerta de ese bar devenido en cervecería artesanal comienza a juntarse gente. Hay oficinistas, pibes del barrio, grupos de chicas y algún que otro militante de agrupaciones políticas. ¿Qué tienen en común? En un rato estarán alzando las manos en el aire al ritmo de unos buenos cumbiones. Solamente el dj es importado, desde las tierras tropicales del conurbano profundo. Abundan las camperas Adidas ochentosas. Las casacas de fútbol internacionales. Las zapatillas Vans y camisas floreadas. Un espacio donde sonarán cumbias villeras, pero sin villeros. Acá nadie se empuja, piden permiso, se puede dejar el celu cargando a un costado que nadie te lo va a sacar y no hay personal de seguridad. Claro, es Palermo, capital mundial de la expropiación cultural y del progresismo. Esta noche hay que festejar, a un cheto vamo’ a matar, corean todos en la pista.

Mientras que en el imaginario popular del que va a bailar cumbia a lugares bien aparece el conurbano como una bailanta 24/7, y se piensa que vivimos borrachos, que no tenemos ganas de progresar, acá se milita el doble. Se asiste a los miles de comedores, se capacita a gente, se dan talleres, estamos donde tenemos que estar. Y cuando el pobre se puede despejar un poco y sale a un boliche, para los demás es un negro que se gasta la plata en chupi. Todo lo que hagas y tenga gustito a clase media te lo van a cuestionar. Ponerte en pedo un jueves está bien, pero depende de qué lado de la General Paz te encuentres. Bailar cumbia en Moreno City es una aventura que huele a peligro. En alguna fiesta bizarra de Capital es casi una experiencia religiosa.

Braian somos todos. El conurbano lo es. Incluso para que los que se quieren diferenciar y tienen aires de superioridad moral, también lo es. Braian somos todos. En el conurbano, al menos, y necesitamos que venga un político a mimarnos un poco.

#poemaaBraian

El pibito ese de visera Nike. El de campera del Real Madrid. El de remera Fila. El de las llantas con resorte y algo de barro. El de la Gilera 110. El que está amanecido desde el viernes. Ese que vos decís que te va a robar el celular. Ese del que vos alertás por las redes sociales a tus seguidores para que tengan cuidado. El que vos decís que tiene olor a tortilla o mandarina. El que te hace cruzar de vereda cuando te lo cruzás de madrugada. Al que prejuzgás por su apariencia. Ese pibito le cabe a tu chica. La tristeza de sus ojos es tu peor pesadilla.

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Damián Quilici

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