Ponele.info

Ella

Él es más grande, ella un tanto menor, pero no se nota: su inteligencia y personalidad le agregaron años. Se descubrieron en un abrazo fuerte, imborrable para sus músculos. Ella le dijo que sentía mariposas en la panza, él la siguió mirando como diciéndole sos increíble. Pudo haber sido esa noche la de ambos, pero no, de hecho no marcó el sendero de esta relación. Ella tenía curiosidad por ese chico desconocido y sin educación que escribía tan correctamente, por relatos de historias profundas o poesías en su cuenta de Instagram. Ella estaba en otra, venía de malas hace poco, a él la vida lo sorprendió arriba de un escenario y comenzaba una nueva vida, lejos de la vida de villa, de falta, falta constante, lacerante, diaria. Falta de lo básico para sobrevivir y falta de lo básico para vivir sin sabor amargo: techo de chapa, poca comida, pequeños lujos cada tanto, un CD trucho, el Tropi o un libro para alimentar al escritor hambriento, escasez de afecto, de abrazos, de sueños, la realidad era su desayuno de siempre. Sin embargo algo los unió. A ella la cautivaba su historia, quizá, un tipo sin nada escribiendo como escribía, con ese sentido del humor tan preciso. Admiraba secretamente ese potencial escondido y desperdiciado en redes sociales.

A él le atraía su dulzura, su forma de hablar, entre irónica y pomposa. Ella vivió en un mundo contrapuesto, la realidad rara vez fue un problema: casa de los padres, familia unida, estudios académicos. Su calvario era interno, sus fantasmas se instalaron cuando aparecieron sus primeros amores y su mente tomó poder de todo, como en las novelas. Sólo su sentido del humor, su ironía, su sarcasmo sacaban de vez en cuando, como supe, su verdadera identidad. Heroína de su propia ciudad en peligro. Eso y su imaginación: su cabeza estallaba en formas secretas de escape con su equipo de fútbol preferido, al cual le dedicaba gran parte de su tiempo. A él le fascinaban sus explicaciones y su sensatez para muchas cosas, parecía madura, justo lo que el necesitaba.

No sé si ellos pueden decir ni cómo ni cuándo empezaron a sentir otra cosa. Él trató siempre de conquistarla con sus armas, sencillas, limitadas. Su vida le había enseñado que la realidad es lo que es y que todo lo demás son cuestiones inútiles. Ella lo asesinó a sangre fría al primer: “dame tiempo”. Él seguía luchando con la realidad, esa que lo marcó desde chico, en la calle de tierra y con falta de agua, y, mientras, no dejaba de quererla un sólo instante. Ella sufría por no poder quererlo, y de pronto lo necesitó. Vueltas de la vida. Ella tenía que dar vuelta un mecanismo que arrastraba hacía tiempo y no podía hacerlo, encontró en él un apoyo, alguien que creyó más en sus sueños que ella misma. Ella estaba feliz por estar relacionada en cierta forma a él, admiraba su talento y la ilusionaba imaginar su triunfo, pero sus fantasmas eran poderosos y cada tanto, sin aviso, se convertían en una nena caprichosa, que lastimaba con palabras. Él no podía entenderlo, no entraba en su esquema de pensamiento. Pensaba: cómo esta chica puede ponerse así y no darse cuenta de lo que tiene.

Y pasó, hubo un beso tímido, un chocolate, una salida, varias salidas, ella cada tanto seguía luchando constantemente con sus fantasmas, que no le daban piñas sino una especie de tortura china del goteo sobre la cabeza: gotita por gotita todo el tiempo. A ella le costaba ser ella, estaba fluctuando en las distintas etapas de su vida, su independencia, su economía, su pasado. Él seguía creciendo en su mundo, su nuevo mundo: el escenario. Tenía un micrófono y poder para decir lo que siempre se callaba, su autoestima nunca estuvo en juego. Ella permanentemente lo hacía crecer en donde podía, él era feliz sobre el escenario, la gente respondía efusivamente. Ella le hacía olvidar todo lo que le esperaba en su regreso de tres horas a casa, a ese barrio marginal. Se quisieron, no hubo formalidad ni sé si la habrá en algún momento. Tuvieron momentos mágicos; bondiolita en la costanera, caricias, humor, se juntaban esos mundos, el real y el mental, y se perdían entre videos, películas o música compartida. Esos mundos no pueden borrarse, ella se siente segura al lado de él y orgullosa por sus logros, él tiene mucho por qué luchar todavía para torcerle la mano al destino. No sé qué siente ella, pero sí sé que en algún momento van a estar más que juntos. Ella a veces se arrepiente de muchas cosas y tiene mucho pasado de qué curarse. Ella lo quiere mucho. Lo sé porque soy yo, el pibe que lucha contra el destino.

 

Avatar

Damián Quilici

contacto@ponele.info