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En Europa no se consigue

Son casi las diez de la mañana, 37 de térmica según el noticiero. Calor agobiante, que castiga a los que menos tienen. Doña Graciela manguerea el patio, sin éxito. El contrapiso está que pela y se levanta el vapor del diablo. Adentro está peor, y todavía hay que cocinar. Graciela no pegó un ojo en toda la noche. Daba vueltas en la cama, se levantaba para mojarse la cabeza, el ventilador tiraba aire caliente y los mosquitos no se rendían ni con el humo del espiral. Encima, a las cinco de la mañana se levantó Raúl para ir a laburar. Esta semana le toca de mañana. Son ocho horas en una fábrica de galletitas. Desde hace años maneja la parte del horneado.

La casa de Graciela y Raúl es de material y techo de losa. Atrás tienen espacio para poner una pileta, pero sus hijos ya son grandes y no viven más con ellos. El sueldo de él no alcanza para invertir en un aire acondicionado. Quiere cambiar el auto, saldar deudas, comprar una heladera. Graciela pone unas milanesas de pollo al horno. Un plato que se repite al menos dos veces por semana. El resto de los días, alterna con pastel de papas o fideos con tuco. Cocina de día y lo que sobra se come a la noche. Raúl llega fusilado del trabajo, y ella lo espera con un jugo de manzana bien helado. Él se pega una ducha y se tira a dormir siesta. Aún con altas temperaturas, y en esa habitación símil sauna, duerme religiosamente dos horas.

 

El veranito conurbanense nunca da respiro. Anhelamos la lluvia. Graciela y Raúl hace años que no pueden irse de vacaciones. Cada tanto, algún domingo se van hasta las playas de Vicente López. Lo más cerca de un centro turístico que pueden visitar. Conservadora con hielo y unos buenos mates tereré es todo lo que necesitan. La recreación del obrero. Raúl no se queja. Sabe que vendrán tiempos mejores. Que compartir pequeños momentos con su esposa está por encima de todo. Moja los pies en la orilla. Algunos a su alrededor hasta se meten, aunque está prohibido. Con el calor no se jode. Mañana es lunes y se vuelve a la rutina. Recién en la segunda quincena de marzo le tocarán un par de semanas de descanso.

Raúl se acuesta temprano. Hoy se cenó tranqui. Graciela ya prendió el espiral y quemó una pastilla Fuyi por todo el cuarto. El ventilador en número tres, la ventana abierta para que entre vientito, botella de agua fría por si pinta sed a la noche. Somos unos privilegiados, dice Raúl. Sí, contesta Graciela. En Europa no se consigue.

 

 

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Damián Quilici

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