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Leonela y el botón antipánico

Mal día para Leonela. Le instalaron el botón antipánico desde el juzgado en donde radicó la denuncia contra Sebastián, el papá de su hijito. Él violó la perimetral, entró a la casa y amenaza con violentarla si no se lo deja ver.

Lo conoció en su adolescencia, casi su primer amor. Una relación interbarrial de guachines que apenas salían a transitar los sinsabores de la vida. De familia de clase media baja venida a menos en estos últimos años, Leonela atiende su propio kiosco. Sus únicos ingresos dependen del negocio. Su tiempo transcurre entre la crianza de su hijo y los clientes que vienen a toda hora. Algunas noches funciona como kiosco 24 horas y tiene que interrumpir el sueño por los borrachines que vienen en busca de alcohol a la madrugada.

Hace dos años volvió a cruzarse con Sebastián, primero por redes sociales, luego en una cita que terminó en un turno de albergue transitorio. Quedó embarazada esa misma noche. Él desapareció de nuevo. Leonela pasó nueve meses sola. Cuando nació ese hermoso varoncito que lleva su apellido, él volvió a aparecer. Y no tuvo peor idea que proponerle irse a vivir juntos. Fue un pasaje en primera clase al infierno. Un mundo enfermizo de celos, posesiones, celulares lanzados contra la pared, infidelidades y golpes. Despúes volvió a desaparecer, pero la amenaza frecuentemente, casi siempre por audios de WhatsApp.

– Dejame ver al nene porque te mato posta.

En la fiscalía no le dieron bola. Lo habló con amigas. Ellas insisten en que se vaya. Le cuesta decidir, pero su vida corre peligro. Sebastián quiere llevarse al hijo que ignoró durante todo el embarazo. Dice que ella trae a otros tipos a esa casita que tiene una ventana adelante, que se abre cuando alguien golpea las manos en busca de pan, birra o una promo de hamburguesa. Leonela fuma marihuana y, según él, no merece criar a ese hijo. Los vecinos no la quieren porque es el barrio que lo vio crecer. Toda la familia de Sebastián está en su contra. Está sola. Ella contra el mundo.

Sebastián violó la perimetral. Nadie llama a la policía, ni el botón antipánico responde. Los vecinos salen a chusmear a la vereda, pero ninguno se mete. Gritos en la mañana primaveral de un domingo del conurbano. Mal día para Leonela. Esta no es su vida de suerte.

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Damián Quilici

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