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Leyendas urbanas del rock: Keith Richards y el papá esnifado

Los periodistas estamos entrenados para escuchar, desconfiar y chequear todo lo que dicen nuestros entrevistados. Salvo que el entrevistado sea Keith Richards, desde ya: en ese caso daremos por cierta cualquier barrabasada que nos diga porque, dale, el tipo compuso “Satisfaction” dormido, quiénes somos nosotros para andar dudando de él. ¿Dice que volteó un puma de un chancletazo? Se imprime. ¿Se durmió una siesta usando a Brigitte Bardot de almohada? Muy verosímil, va a tapa. ¿Se esnifó las cenizas del padre? Un sí rotundo.

Eso mismo fue lo que sucedió en 2007, cuando un colega de la NME le preguntó qué era lo más raro que había tratado de meterse por las narinas. “Mi papá. Me inhalé a mi papá”, contestó. Bert Richards, el viejo en cuestión, llevaba cinco años muerto en ese momento.

Después amplió: “Lo cremamos y no me pude resistir a mezclarlo con un poco de frula. A mí papá no le hubiera molestado, le importaba tres carajos todo. Pasó bastante bien y todavía sigo vivo”. La revista lo publicó de frente march, y en quince segundos lo levantó hasta la Gaceta de Indio Muerto de San Juan.

La imagen quedó instalada en el inconsciente colectivo: Keith Richards se esnifó al papá y punto. Eso es porque las noticias picantes se publican en letra catástrofe y las desmentidas se esconden en algún rincón de la página 20. “Fue todo una broma”, dijo el guitarrista en un comunicado que subió a la web de los Stones. “La cuestión está en que planté un robusto roble inglés. Destapé la caja donde estaban las cenizas y ahora veo crecer los robles y estoy convencido de que me amaría por ello. Estaba tratando de explicar lo unidos que estábamos Bert y yo. No hubiera tomado cocaína en ese punto de mi vida a no ser que hubiera deseado suicidarme”.

Claro que en este mundo guanaco no se puede confiar en nadie, y no podemos dejar de obviar el hecho de que justo en ese momento el bueno de Keith estaba por aparecer en Piratas del Caribe III y a la Disney no le cabía mucho que uno de sus actores se haya drogado con el cadáver quemado de un familiar directo. Dennis Rice, uno de los vicepresidentes de la corporación del ratón, declaró también a la NME: “Cuando un publicista me reenvió la historia pensé: ¿cómo vamos a enfrentarnos a esto?. Keith no hará mucha promoción de esta película”. De modo que tampoco descartemos que sí se haya esnifado al viejo pero haya reculado porque Disney lo persuadió con golpeadores pagados o algo así.

El plot twist es que en 2015 Richards declaró que le gustaría que sus hijas se lo esnifaran a él, preferiblemente después de muerto. “Les voy a dar una pajita”, dijo, en relación al adminículo con el que Theodora y Alexandra se lo inhalarían. Mientras las familias normales se tiran de los pelos por ver qué hacen con las cenizas del nono, los Richards no tienen tantas dudas.

Ahora bien, ¿se puede esnifar uno a un ser querido o no? Entero desde ya que no, teniendo en cuenta que un hombre promedio genera al ser cremado unos 3,300 kg de cenizas y una mujer unos 2,6 kg. Más allá de eso, las cenizas no son un polvo fino confundible con papusa, sino algo más tirando al azúcar. Y de hecho, si los restos van a urna, muchas veces ni siquiera se procesan y hay pedazos de hueso bastante reconocibles: nada que uno quiera meterse por la nariz.

En el mundo anglo es obligatorio embalsamar a los cuerpos, incluso si después serán cremados. En ese proceso se los trata con desinfectantes altamente tóxicos, glutaraldehído, metanol, alcohol etílico y formaldehído. No obstante, el fiambre pasa un par de horas a 1400 grados de temperatura, con lo cual todas esas sustancias se evaporan y no llegan a las cenizas. El único riesgo es irritarse un poco las vías respiratorias y estornudar, cosa que en teoría no debería preocupar demasiado a un tipo que ya tomó la decisión de jalarse a un muerto.

A otro que parece que se tomaron es a Stiv Bators. En 1990 al cantante de los Dead Boys lo atropelló un taxi y le dio fiaca ir a hacerse ver, así que se acostó a dormir y no se despertó nunca: lo mató una conmoción cerebral. El tipo era fan de los Doors, así que había pedido que dispersaran sus cenizas sobre la tumba de Jim Morrison. Sin embargo, el director John Waters dijo que su novia se había guardado un montoncito para inhalarlo. Incomprobable pero una vez más elegimos creer.

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