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REPUBLIC OF ARGENTINA: Buenos Aires:

Poemario villero

El pibito ese de visera Nike. El de campera del Real Madrid. El de remera Fila, las llantas con resorte y algo de barro. El de la Gilera 110. El que está amanecido desde el viernes. Ese que vos decís que te va a robar el celular. Sobre el que alertás a tus seguidores por redes para que tengan cuidado. El que vos decís que tiene olor a tortilla o mandarina. El que te hace cambiar de vereda cuando te lo cruzás de madrugada. Al que prejuzgás por su apariencia. Ese pibito le cabe a tu chica. La tristeza de sus ojos es tu peor pesadilla.

 

Unas paredes de chapa y unos ladrillos sin revocar, que en Palermo llaman “ladrillos a la vista” y son cervecerías artesanales. Esto es la villa, amiguites. Cumbia nostálgica que sale de un súper parlante y añora viejas épocas, y amores de pasillo que no fueron. El olor a fritura es aire cotidiano. Los niños juegan sin miedo. La vereda es el living comedor del pueblo en las noches de primavera. Ahí está ella, con el bagayo listo. Tiene un re viaje hasta el penal, pero cumple religiosamente. Un albañil se queda sin laburo y piensa en volver a la provincia. Acá no pasa nada, dice. Los soldaditos del transa que flashan cartel de Medellín le dan el toque de mala fama al barrio. Hay gendarmes en las esquinas. La del kiosco ya no fía más. La murga que ensaya y no deja escuchar la tele. Las pibas que se organizan para el Encuentro Nacional en La Plata. El feminismo villero llegó para quedarse. Yo tomo mates, con la poca yerba que me queda. No voy a poder sacar fiado así que le voy a pedir a la vecina que me banque. Sentimiento villero es aceptar la realidad que nos toca. Es ponerle música al hambre. Es ponerle tecladito y timbal a la esperanza. Es pensar que ya todo va a cambiar para bien, aunque la ilusión ya no nos fie.

 

Caminá detrás mío y pisá por donde piso. A este caminito lleno de barro ya lo juno. No hay luz en el baño, alumbrá con la linterna del celu. Te espero en la pieza. Caliento la cama. La coca al lado por si pinta sed de madrugada. Te leo un poema al oído. Hablemos. Contame qué sentiste la primera vez que te rompieron el corazón. Mirá esta foto, soy yo a los 14. A este que está acá lo mató la gorra. Este otro cayó preso. Nunca más se supo de él. Aquel de visera se hizo pastor después de años de rehabilitación en una granja. Y yo acá sobreviviendo. Aspiro pegamento porque dicen que es bueno para los corazones rotos.

 

Me robé un picadillo del chino,
para merendar con vos. Y calenté agua en una olla para pegarme un jarrazo y esperarte limpito y perfumado. Saqué fiado un vino en lo del peruano para que lo tomemos juntos. Y casi me regalo con los pibes de tu barrio cuando te fui a buscar. Me compré una remera en Carupá para estrenarla en tu cumple. Y guardé la poca plata que me quedaba para que vayamos al Rey del Pancho. De todas las secuencias, besarte por primera vez fue como hacer yoga en medio de un tiroteo.

 

Supe que lo nuestro
no iba a funcionar
esa tarde que le subiste
la ventanilla a un nenito que
pedía monedas en aquel
semáforo de la gran ciudad,

no sé vos pero yo vengo
de un barrio lleno de pibitos
pidiendo algo para comer
y yo podría haber sido uno

esa noche que le dijiste a un
trapito que mejor fuera a laburar
y te enojaste con los piqueteros
que acampaban en el obelisco
esa noche, cómo olvidarla
si esa noche yo mismo
te subí la ventanilla de mi vida.

 

*Fotos de Ferdinando Scianna

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Damián Quilici

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