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Se van

Se van, dice Norma, 67 años. Hace cuatro que la está pasando mal. Gran parte de su jubilación se la gasta en remedios. Que durante el macrismo tuvieron un incremento de hasta un 70%. El sueño de regalarle el viaje soñado a su nieta para sus quince años se desvaneció y sólo pudo entregarle un sobre con mil pesos. Que le hacían falta. Vota en la misma escuela de siempre. En el ‘83, con la vuelta de la democracia, le tocó ser fiscal de mesa.

Se van, dice Ignacio, 25. En el 2015 votó a Cambiemos. Estaba trabajando bien, en una empresa que cerró hace dos años. Ocupaba el puesto de maquinista envasador. Un sueldo que le permitía vivir cómodamente. Comprarse ropa, salir todos los fines de semana, alquilar y hasta irse de vacaciones. Ignacio se comió el chamuyo, como muchos jóvenes que no habían vivido la crisis del 2001 en carne propia. Con solo imaginarse que podría comprarse un Iphone a precio chiste se convenció de que era lo mejor. Una vez vio el programa de Lanata y posteó en sus redes sociales que si ganaba Scioli se iba del país. Hace dos años que vive de changas. Ya vendió el auto hace rato. No banca un día más las políticas de este gobierno.


Se van, dice Brisa. Tiene 28, dos varoncitos en edad escolar. Fue mamá desde joven. En 2015 impugnó el voto. No le interesaba quién ganara, porque al fin y al cabo ella tenía que salir a laburar igual. La viene remando como puede. Su madre la convenció de que hiciera los papeles en Anses para recibir algún tipo de ayuda. La plata no alcanza. Se dedica a las uñas esculpidas y contaba con un círculo de clientas fieles, que de a poco se fueron yendo. En épocas de vacas flojas, lo primero que uno corta es el cuidado estético. Este domingo dice que va con boleta completa.

Ricardo, 45 años, dice que se van. De tener su propia Pyme a manejar su propio vehículo para Uber. No votó a este gobierno. No puede creer cómo se le vino abajo todo. De andar con veinte mil pesos en el bolsillo todos los días, almorzar donde quería y pagarle a alguien para que le limpie la casa a esperar juntar por la noche lo suficiente para comer. La excesiva oferta lo tiene a maltraer. A veces no salva ni el gnc. Hace tres años no se toma vacaciones. Ricardo sueña. Dice que el 10 de diciembre es clave, y que la gente va a tener otro estado de ánimo.

Se van, se va
se va el gobierno
con discursos de autoayuda
el del sí se puede
el de los tarifazos
el que se cargó a
Santiago Maldonado
el que le dio carta blanca
a las fuerzas policiales
usando como ejemplo
la doctrina Chocobar
el de la fuga de divisas
al exterior
el de los funcionarios chetos
que jamás pisaron una villa
y piensan que con unos pesos
al estilo manotazo de ahogado
solucionan todo,

el gobierno que hizo cerrar
más empresas de la historia
el que jugó con la ilusión
de sus votantes y luego
le sacó el plato de comida
de la mesa,
el que asfaltó y luego te lo sacó
en la cara, de qué te quejas
si tenés hambre si ahora pueden
caminar por la calle sin barro,

se va el gobierno de las mil mentiras
y ojalá estos cuatros años nefastos
se recuerden como la etapa negra
de este gran país solidario y popular.

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Damián Quilici

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