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Ni en el médico estamos seguras: violencia hospitalaria y obstétrica

Por alguna razón desconocida, en nuestras cabezas imaginamos a los médicos como personas bondadosas, con una vocación tremenda y dedicadas en las que podemos confiar. Tal vez sea un pensamiento que nos dejó Hollywood en el inconsciente -sería tan solo uno más- o porque le dedicaron casi diez años de su vida a una carrera que en varios casos paga una miseria, quién sabe. Aun así, como en todas las profesiones, encontramos variedades de gente mala y buena, porque al final del día los doctores siguen siendo personas como vos y yo, con personalidades externas a su trabajo. El problema está cuando un profesional de la salud, en quien nos apoyamos con nuestras vulnerabilidades, es una persona de mierda. ¿Suena muy fuerte? Hace un tiempo me acostumbré a ver en redes casos de chicas que denunciaban médicos que sin problema alguno cruzaban toda línea existente de profesionalismo y abusaban de su posición de poder.

Sin falta hay quien comenta “Bueno, che, pobre tipo, solo quería acercarse a la mina y esta lo escrachó. Le está arruinando la carrera por histérica, son todas unas exageradas”.

Demás está decir que cuando una va al ginecólogo, lo último que espera y quiere es que el médico busque sus datos personales y le hable por “atrevimiento”. ¿Acaso piensan que estamos en una película de Disney donde nos enamoramos del médico acosador? Por si hace falta aclararlo: no. Las mujeres tenemos que sobrevivir en un mundo que nos oprime, menosprecia y maltrata, lidiamos con machismos todos los días, hasta en un ámbito donde todes deberíamos estar seguros con el médico.

Un pequeño dato de color para los que se preocupan por la mancha en la carrera del ginecólogo escrachado: no es la primera vez que retira datos personales de las mujeres que atiende y les habla por inocente “atrevimiento”.

Violencia obstétrica: pesadilla en la sala de parto

El proceso del embarazo y de dar a luz son experiencias que sólo quienes la viven saben de qué se trata; esa convivencia de dolor y felicidad que al final del camino vale la pena (siempre y cuando se haya llevado a cabo el embarazo por decisión propia; la maternidad debe ser una elección, no obligación)

Lamentablemente, en los lugares donde deberíamos sentirnos y estar seguras, existe la violencia obstétrica: la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres y los derechos más básicos de los recién nacidos por personal de la salud. Es un forma de violencia de género tanto física como psicológica que sufren las personas gestantes durante el embarazo, antes y después del proceso de parto. Llevándolo a ejemplos concretos, se manifiesta en un trato deshumanizado mediante la discriminación, humillación, burlas y críticas al estado de la mujer y su bebé. En el ámbito físico, se traduce en prácticas invasivas como tactos por más de una persona, falta de privacidad, suministro de medicación innecesaria e inducción del parto sin el consentimiento de la embarazada. Es, también, episiotomía de rutina –incisión que amplía el canal para abreviar y apresurar el proceso-, y cesárea sin justificación médica. Estas dos últimas están contraindicadas por la Organización Mundial de la Salud, sólo las aconsejan en casos de partos que presenten dificultades. De hecho, la OMS recomienda que un país no supere el 15% de las cesáreas, y en Argentina sucede aproximadamente en el 35% de los partos.

La violencia obstétrica es una violación de los derechos humanos, una transgresión a la libertad y seguridad de la persona. Es esa sutura extra que te hace el obstetra post-parto en el canal vaginal para que “tu marido disfrute más”, un guiño al patriarcado en la sala de parto. Al igual que la violencia hospitalaria, atraviesa toda barrera socioeconómica y sucede tanto en ámbitos públicos como privados. La pregunta es, ¿debería hacerse hincapié en el trato humano en la formación de les mediques? Los profesionales de la salud deberían velar por nuestro bienestar y seguridad y no atentar contra ellos.

Por Agustina Carrera de Souza

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Agustina Carrera de Souza

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