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Laura Azcurra: “El feminismo llega para abrazarte”

Con una sonrisa, amable y conversadora, Laura Azcurra se sienta en la platea vacía del Multiteatro donde un rato después subirá al escenario para protagonizar Toc Toc, la comedia más vista de la historia del teatro argentino.

Con más de 20 años de trayectoria, sin duda la actuación ha sido lo que más visibilidad le ha dado, pero también ha ejercido el rol de conductora y es una apasionada por el flamenco. En el último año se sumó al colectivo de actrices argentinas y ha sido una firme activista por la igualdad y los derechos de las mujeres.

De su bolso asoma una fotocopia de un texto de Lenin, por lo que resultó inevitable no comenzar la entrevista preguntando sobre eso.

 

¿Por qué estás leyendo ¿Qué hacer? de Lenin?

Estoy adquiriendo un poco de informacion. ¿Qué hacer? de Lenin es un libro muy interesante para empezar a entender algunos de los movimientos revolucionarios de los más oprimidos, que son los trabajadores y los obreros. Me interesa analizar, lo estamos haciendo con una grupa pequeña dentro de la grupa de las actrices, tomando clases.

Es una enorme responsabilidad la que asumimos al estar comunicando, informando e indagando en las entrañas de una problemática social de la que hay que entender ciertas estructuras y estamos en este camino de la formación en distintos aspectos. Es riesgoso decir que estoy leyendo a Lenin, porque puede dar lugar a una cierta tendencia partidaria que no es lo que me interesa.

El colectivo de actrices está conformado por un montón de mujeres, es transversal, es una colectiva multipartidaria, hay muchas compañeras que militan hace mucho tiempo y está muy bien. No es mi caso, yo no estoy afiliada a ningún partido.

Hace unos años empecé a entender que estamos en un momento social muy interesante a nivel global, que a las mujeres nos pone en un lugar muy protagonistas.Desde nuestra colectiva sabemos que lo que decimos y comunicamos tiene peso y relevancia, entonces queremos ser muy responsables con eso.  

El deseo de que cambie el paradigma también tiene que ver con cómo comunicar, cómo hablar, qué decir y dónde está el fundamento de eso. Hay que entender cómo es que funcionan esas estructuras. Por eso el ¿Qué hacer?

 

Sin duda se han conquistado libertades, derechos y consciencia en un montón de aspectos. Pero al mismo tiempo gobiernan Trump, Bolsonaro y otras expresiones locales que hacen pensar que los avances no son tales…

Yo tengo la esperanza de que sea un retroceso para dar el salto. Elijo pensarlo así y creo que muchas lo sentimos así y eso nos da fuerzas y esperanzas para decir “sigamos trabajando, esto es parte de un proceso”. Para avanzar tiene que haber un retroceso, para que una ola estalle tiene que volver un poco para atrás para tomar ese envión.

No sé si es un poco pretencioso de mi parte decir esto, pero por lo que estamos investigando y charlando, claramente hay un sistema que está en crisis. Este sistema no está funcionando y nos está llevando a un lugar de desigualdad absoluta y rotunda a nivel global. Ni hablar de la naturaleza, el medio ambiente y la ecología, todo lo que tiene que ver con nuestro planeta pareciera no importarle a nadie.

El otro día escuchaba a una niña sueca exponiendo en una de estas cumbres de presidentes y seres muy poderosos e influyentes en la economía del mundo. Y ella decía: “nadie está contemplando al planeta. Nos vamos a ir de esta reunión, otra vez ustedes prometiendo cosas que sabemos que no van a cumplir y que no vienen cumpliendo”.

Entonces me pregunto, ¿cuánto tiempo más vamos a seguir avanzando con una fórmula que ya vimos que no funcionan? Los tiempos son otros, ya estamos en el futuro, la sociedad no se maneja con antiguas creencias medievales, está todo totalmente conectado.

Se pueden esconder cosas, se pueden disimular y cambiar el foco de algunas cuestiones globales e importantes pero al mismo tiempo está todo a la vista. Y permanecemos pasivos en un sistema donde vemos la desigualdad, la pobreza y la opresión, vemos que los ricos son muy pocos y los pobres son muchísimos.  

Es momento de llamar a la reflexión profunda en ese sentido, porque los grandes cambios también se generan cuando hay una profunda necesidad de cambio de consciencia. La naturaleza, la salud, la alimentación… yo sufro. También estamos despertando de eso y empezamos a pensar verdaderamente qué es lo que consumimos.

El alimento es lo primordial, pero el capitalismo está todo el tiempo ofreciendo productos que no son de primera necesidad y formas de vida que no son las que verdaderamente sentimos. Pero hay un despertar, una caída de velos que cada vez es mayor y  lo celebro.

Y creo también que lo que pasa con el movimiento de mujeres es muy contundente y muy rotundo. Nosotras, en la unión y en la organización, estamos claramente decidiendo tomar parte para no seguir con este viejo paradigma, para no seguir naturalizando esta desigualdad y me parece que ahí si hay una bisagra muy fuerte.

Nuestra lucha más fuerte, que tiene que ver con el patriarcado, está totalmente unida a la lucha contra el sistema capitalista. La famosa frase de “se va a caer” en realidad es “lo vamos a tirar”. Es un pensamiento que cualquiera, sin mucha esperanza o totalmente pasivo desde las harinas saturadas de su sillón, va a decir “ dale, seguí soñando”. Y yo sigo soñando pero también estoy en acción. Me parece que esa ha sido la llave de un gran despertar y muy profundo me parece.

Hablabas de las nuevas formas de participación política, ligadas al feminismo. ¿Cómo llegó a tu vida? ¿Cómo fue esa suerte de despertar con la militancia y el activismo?

Había un primer interés en observar esta unión de mujeres que lentamente empezaba a acercarse, desde mi trabajo, mi momento en la vida y  mi maternidad. La maternidad nos transforma mucho como seres humanos, a las mujeres y a los hombres. A la mujer principalmente, porque hay un doble laburo: por un lado toda la atención y la dependencia que requiere un ser humano al nacer, el vínculo con la madre y la teta. Por otro, ese gran trabajo que es desidealizar la maternidad, impuesta por todo un sistema en donde está valorada como el objetivo más grande que una mujer puede tener.

Creo que mi primera revolución contundente fue encontrarme en esa situación, en el ejercicio de la maternidad y decir “che, esto no es como en las publicidades. Yo no me siento 100% feliz, tengo momentos de mucha felicidad y de desborde de amor pero estoy cansada, no sé qué hacer en un montón de cosas, no sé como resolverlas. Yo también necesito que me abracen y me contengan, nadie me dijo que esto era así”.

He crecido y vivido creyendo que el camino era la heterosexualidad, la unión en pareja, el matrimonio como Dios manda con el proyecto de hijos biológicos y recién después de eso podía ser feliz. Bajo ese mandato, bajo esa forma, esa foto, hemos crecido millones de personas por los siglos de los siglos. Entonces ahí también podemos ponernos a cuestionar cuál ha sido el gran organizador y disciplinador.  

Ha sido la iglesia, con todos sus mandamientos, sus contradicciones y toda su hipocresía. Y podemos empezar a desarticular y cuestionar eso y decir “me voy a conectar con lo que realmente siento, con lo que a mi verdaderamente me pasa y con lo que vivo a través de la experiencia”.

Esto a mí me llevó a un lugar nuevo, y empecé a pensar que hay gente que está contando un cuento que no es verdad. Esa fue mi primera situación honesta de desenmascarada grosa, que me dio la posibilidad de ir detrás de mi verdadera autenticidad y de mi verdad, que es mi experiencia. Ni la del vecino, ni la de mi vieja, ni la de mi hermana.

 

¿Ese interés y compromiso se te trasladó a la actuación?

Ya desde ese momento (mi hijo era chico, te estoy hablando del año 2007)  empecé a leer materiales “políticamente incorrectos”, a escribir acerca de la maternidad – y trabajé en una obra que se llamaba “Posparto, nadie te dijo que tener un hijo iba a ser así”. Después escribí otra obra haciendo una investigación muy profunda acerca de la menopausia y todos estos cambios que atraviesa la mujer liderados por las hormonas. El cuerpo humano es una máquina impresionante, maravillosa, y el de las mujeres más…

Realmente no somos iguales en algunas cosas, quiero que tengamos los mismos derechos, para todos los géneros que existan y en las condiciones que cada une se sienta. Pero biológicamente y científicamente hay muchas cosas que funcionan distintas y eso también es interesante, para ponderar la importancia y la singularidad de cada género. 

Y en el encuentro con eso también empiezo a advertir que durante siglos han maltratado nuestra femeneidad, han maltratado nuestro poder máximo, alucinante, creador, reparador y mágico que es el universo femenino. Y el feminismo llega para abrazarte.

 

¿Cuándo empieza tu participación en el colectivo de actrices?

El año pasado, cuando me entero que había compañeras actrices que estaban empezando a confeccionar una carta para  mandarla a Diputados y que empiecen a tratar con seriedad la ley del aborto legal, seguro y gratuito, me salió del coño decir “yo quiero firmar esa carta”. Sabía que Dolo Fonzi estaba armando un grupete y le escribí y le dije “meteme en el grupo que me interesa saber qué están haciendo, qué piensan armar”.

Ahora somos como 200 y empezó de alguna manera esa unión desde nuestra profesión, desde nuestro laburo, desde lo que conocemos y también desde la vocación real que es la empatía con otro humano, ponernos en la piel de otra persona, encarnar personajes que existan o no pero que tienen sus sentimientos, sus emociones y que por ahí no tienen nada que ver con nosotras en nuestra propia experiencia personal.

Creo que también ese ejercicio que tiene nuestra vocación ha hecho que podamos ponernos en los zapatos de un montón de mujeres que no tienen los recursos ni las posibilidades de tener siquiera información ni educación, excluidas del sistema social y económicamente, oprimidas de por si por el género.

¿Cómo no vamos a poner a disposición nuestra llegada a la gente, principalmente a Doña Rosa como un arquetipo de mujer que está en su casa y ha seguido el cuentito de la foto y el disciplinamiento al pie de la letra? Y a nadie le importa si es feliz, si se ha sentido realizada, si ha tenido un orgasmo en su vida, no importa todo eso porque está vinculado con la vieja idea del sufrimiento y del no goce, muy impulsada por la iglesia católica.

 

En algún sentido, el feminismo termina encauzando a una reflexión bastante más profunda sobre el presente en el que andamos, ¿no?

Totalmente. A partir de este comprometerse, empieza un camino muy hermoso, en donde entre nosotras empezamos una deconstrucción permanente, porque esto de crecer en la vida nos lleva a un lugar muy incómodo, de tener que movernos todo el tiempo del lugar que aparentemente debería ser fijo. Y esto es lo interesante humanamente para todes: darnos cuenta y advertir que estamos ante la posibilidad de un cambio en donde vemos claramente las desigualdades y podemos desenraizar la maleza de voces con las que hemos crecido y los disciplinamientos que hoy claramente no rolan.

Es el momento del debate, de tomar las cartas para barajar de nuevo y ese ejercicio nos va a incomodar porque nos va a hacer encontrar con oscuridades nuestras propias de cada uno.. No cabe más el señalamiento de “ustedes son los que tendrían que defendernos”, nosotros también estamos como inquilinos del mundo, responsables de las acciones y del mundo que estamos generando y construyendo o destruyendo.

La naturaleza nos proporcionó un medio tan increíble como es este planeta, para vivir, para gozar, para poder repartir equitativamente y hoy está mal distribuido, mal aprovechado, ignorado y vapuleado. El agua potable ya está en cuentagotas y somos uno de los países con reserva de agua dulce más importante del planeta. Son estos temas también los que nos tenemos que poner a debatir porque ya no es una gilada.

Este es un tema que me preocupa y me preocupó siempre, desde chiquita ya estuve muy alerta a eso. Vivo en una ciudad, pero soy consciente cuáles son las cosas que consumo, que decido no consumir más, donde puede estar la reducción de mi consumo y el aporte de oxígeno desde mi terraza de 20m2 en Ortúzar.


¿Qué te hace emocionar?

Me emociona la justicia. Cuando hay una situación de justicia me emociona, así como la injusticia me hace llorar y me indigna. Me emociona mucho la lealtad humana y entender que se pueden hacer un montón de acciones a conciencia y con amor, porque realmente es el amor lo que une. Es bien simple y bien complejo al mismo tiempo, y lo contrario del amor no es el odio, es el miedo.

 

¿Y qué te da miedo?

Hay propagandas para generar miedo, en varios aspectos: la amenaza de la guerra,  el terrorismo, la inseguridad, eso te hace entrar en una sintonía super tóxica, a toda la gente le digo “apagá la televisión”, no entres en esa rosca de disciplinamiento porque realmente creo que el pensamiento es creativo y si uno entra en un loop de pensamientos oscuros vas a generar esa oscuridad en tu vida, en tu entorno, en tu cuerpo.

También la iglesia nos ha llevado a pensar que en el sufrimiento es cuando uno puede hacer las cosas bien, prosperar y crecer. Podemos hablar del sacrificio que es el trabajo, poner voluntad, levantarte temprano, sentirte cansado o por ahí hacer cosas que no te gustan del todo pero que tienen que ver con el ejercicio de  la responsabilidad.

Pero es bueno no dejarse llevar por la masa negativa, que está ahí postrada, opinando con el dedito, sin accionar ni hacer absolutamente nada, colaborando con ese clima negativo. Porque el feedback es con el otro.

También pienso que por eso fue tan inmediata la unión y la organización con las actrices. Nosotras no teníamos experiencia de militancia, hasta ahora las actrices nunca se habían juntado por una causa en común. Por ahí algún grupo, que defendía una misma identificación partidaria.

Nosotras tenemos experiencia en cómo organizar un elenco, un ensayo, un estreno, pero después hay otras estructuras sobre las que realmente no tenemos ni idea, pero las vamos aprendiendo, con la humildad de decir que hay muchas cosas que no sabemos pero compartimos ese desconocer y está bueno a veces decir “no sé cómo es, vamos a verlo”. Eso también es crecer.

Hay personas que realmente se dedican a estudiar y analizar las estructuras políticas, las corrientes, los movimientos y eso nos da conocimiento y para eso está la historia, para no cometer los mismo errores. Pero no entra todavía en mi cabeza cómo teniendo tantas posibilidades maravillosas seguimos instalados en un lugar de dolor, de muerte, de odio, de miseria, de miedo. Y ahí digo “ya estoy grande, ya debería entender cómo funciona el mundo”. Y soy grande y sigo sin comprenderlo. Puedo pecar de ingenua, no tengo ningún problema.

Me interesa que reflexionemos verdaderamente, cada uno como ciudadano, en el lugar en el que estamos, en el presente en el que estamos, en el contexto que tenemos, sobre nuestra decisión a la hora de emitir un voto. La grosa diferencia de clases que tenemos se hace más profunda y más extrema y este es el momento de poner manos a la obra, desde el amor,  la comprensión y desde el hablar. Por eso esto “no nos callamos más”, que es para las mujeres pero también para los hombres, que también son exigidos por el patriarcado a tener que ser de determinada manera, aunque claramente con otro costo psíquico y físico.

A mí me gusta pensar en la templanza, una maestra mía de flamenco, sevillana, siempre hablaba de la templanza, a mi el flamenco me enseñó mucho. Y mi maestra siempre decía que no teníamos que perder la templanza, en todo ese desborde. Estar conectados con el presente y ver crecer la ola desde un lugar amoroso y consciente. Me gusta pensar en esa idea y también invitar a los que pueden escuchar mi voz a que reflexionar sobre eso.

 

Te invito a hacer un breve ping-pong para cerrar. ¿Creés en Dios?

Creo en una fuerza superior, no en el señor ese que está en la cruz sangrienta y sufriente. Si creo en una fuerza muy fuerte, potente, creo mucho en el cosmos. En esa energía, en las energías de la gente. En mi casa tengo mi altar con todes: tengo a Buda, a Krishna, a algunos santos que me acompañan, mi candelabro judío…

 

¿Experimentaste con drogas? ¿Estás a favor de la despenalización?

He experimentado con muy pocas. Creo que la legalización de la marihuana para su uso medicinal es urgente. No podemos seguir con la hipocresía, la marihuana no mata. Es una de esas cosas que hay que desenmascarar y me parece perfecto el uso de cannabis medicinal y me parece perfecto también para el uso recreativo, sobre todo el cultivo personal.

Me interesan los cultivos urbanos, de terraza. Yo tengo mis rúculas creciendo en macetas y soy feliz sabiendo que me faltan 3 semanas para poder consumirlas, y se lo que estoy consumiendo. A las madres que intentan buscar una solución natural y efectiva para el bienestar de sus hijos se les están poniendo en contra los laboratorios, que quieren vender sus pastillas y quieren impedir el aceite…

 

¿Hay algún oficio que te gustaría tener?

La carpintería, pero en otra vida porque en esta no llego. La agronomía también, no la descarto, re iría a la UBA a estudiarla. Básicamente soy una obrera del arte, mientras esté lúcida y activa, con este cuerpo vital, voy a darle caña. Después me quedaré sentadita, escribiendo. Pero mientras pueda poner el cuerpo, voy a estar.

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